sábado, marzo 2

el encanto de la selva amazónica, un paisaje de película

Viaje al corazón de la naturaleza en un destino que propone aventuras, fauna, flora y personajes míticos.

¿Qué puede emerger de un cineasta alemán sumergido en el Amazonas?

Dos de las películas más demenciales de la historia del cine. Werner Herzog dirigió a Klaus Kinski en Aguirre, la ira de Dios (1972) y en Fitzcarraldo (1982), dos locuras filmadas íntegramente en la Amazonía peruana gracias a la iniciativa de un tercer osado: José Koechlin, quien fundó en 1975 el primer proyecto de hotelería sustentable en América y decidió dar a conocer la región ayudando a producir estos dos largometrajes.

Fitzcarraldo se inspiró en la historia de Carlos Fermín Fitzcarrald, empresario cauchero de origen irlandés, fundador de Puerto Maldonado en el departamento de Madre De Dios, locación sinónimo de oro, con algunas de las minas más atractivas del planeta.

Cerca de las fronteras con Bolivia y Brasil, es la puerta de entrada a uno de los ambientes tropicales más remotos y extraordinarios del mundo. Se llega con vuelos diarios desde Lima (una hora y media) y Cusco (menos de una hora). El sitio aún alberga a una decena de pueblos originarios que aún mantienen vivas 9 lenguas.




Guacamayos en la Reserva Nacional Tambopata. Foto Shutterstock

La geografía de la zona es digna de una película. En el secreto corazón de la Amazonía, se encuentra la Reserva Nacional Tambopata que descansa a la vera del caudaloso río Madre de Dios, que da su nombre a la región.

Se escabulle frondoso a través de la selva tropical, conocida como la Capital de la Biodiversidad del Perú, un centro de conservación de más de 1.300 tipos de plantas y árboles.

El tejido se compone de un entramado interminable de senderos que ofrecen una introducción al ecosistema selvático, al pasar junto a exóticos árboles del bosque lluvioso, como el ceiba y el palo fierro.

Allí mismo es posible conocer el sistema de humedales: los pantanos de la selva tropical llamados aguajales. Una pasarela de madera se eleva un metro del suelo para dejar espacio cuando el agua sube durante los meses de lluvia. Es posible reconocer la transición del ecosistema forestal de seco a pantanoso, y las diversas especies de anfibios, reptiles, serpientes, aves y mamíferos que los habitan.

Navegando cerca de Puerto Maldonado. Foto Shutterstock


Navegando cerca de Puerto Maldonado. Foto Shutterstock

Con canoa al hombro

Una excursión de día completo desde Puerto Maldonado, luego de un trayecto en catamarán y una caminata de 50 minutos, se accede al considerado el lago más hermoso del sistema amazónico, el Sandoval, con 3.000 kilómetros cuadrados de superficie.

Sus aguas están circundadas por palmeras de aguaje, la fruta típica de la selva que se puede tomar y probar, igual que el cacao.

Aquí habitan más de 6.500 especies de peces, además de caimanes negros y tortugas de agua, monos aulladores rojos, capuchinos pardos y monos ardilla. Uno de los mayores atractivos de la fauna es la nutria gigante, llamada ariray, y unas aves de aspecto prehistórico (hoatzines).

Una serie de puentes colgantes permiten hacer senderismo para ver la locación con perspectiva. ¿Para comer? Probar una especialidad local: el paiche, el pez de río más grande del mundo.

Al fin del recorrido se puede emprender una visita guiada a un jardín con más de 200 plantas medicinales y la posibilidad de practicar el uso nativo del arco y la flecha.

En el camino se encuentra la Isla de los Monos que se ha convertido en un experimento de supervivencia tribal. En el pasado se había asentado allí un laboratorio experimental para estudiar una serie de especies.

Cuando los fondos se terminaron, los especialistas soltaron a los monos en la naturaleza y partieron. Las diferentes razas se mezclaron, combatieron por la comida, se exterminaron y dominaron. Hoy la jefa de la manada más poderosa es una hembra. Se aconseja visitar el sitio sólo con guía.

Para experimentar la noche en plena selva: ubicada a 8 km, 25 minutos río abajo desde Puerto Maldonado, solo se puede llegar a Hacienda Concepción, la hostería sustentable de Koechlin, tomando un paseo panorámico en canoa desde el pueblo.

Está construida en una antigua plantación de cacao y caucho, en los terrenos de lo que fue en los años 50 el “Fundo Concepción” en un entorno exuberante y sereno dentro de la selva tropical natural.

Allí la vida transcurre linterna en mano y faroles por la noche dentro de un concepto de jungla de lujo: una cabaña cuyo 70% está ensamblado con mosquiteros seguros y fuertes. Deja al visitante enclavado en el medio mismo de la selva.

Bajo el dosel que guarece los sueños, se escucha la melodía de los susurros de la fauna. El despertador natural queda en manos del mono aullador que, como un Tarzán de leyenda, extiende su grito por 3 kilómetros. Una conexión sustentable con la naturaleza completamente nueva.

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