domingo, febrero 25

Irlanda llora a Sinéad O’Connor y la despide con un multitudinario cortejo fúnebre

Una silla rosa en el jardín, unas cuantas cartas manuscritas salpicadas de tristeza y admiración y una foto de la joven artista que, cabeza rapada y sonrisa deslumbrante, se comió el pop a bocados y acabó devorada por la industria. «Donde las palabras fallan, la música habla», podía leerse en un cartel que alguien había colocado en uno de los muros laterales.

Un poco más allá, en la cima de una colina, otro mensaje escrito en gigantescas letras blancas: «Éire loves Sinéad». Irlanda ama a Sinéad.

Su contribución, ya lo dijo el presidente de Irlanda, Michael Higgins, fue única, «fenomenal en términos musicales, pero de inmenso heroísmo», así que única tenía que ser también su despedida. El último adiós a Sinéad O’Connor, fallecida el 26 de julio a los 56 años años y celebrada este martes por miles de personas en la ciudad irlandesa de Bray, donde la cantante vivió durante más de quince años.

«A Sinéad le encantaba vivir en Bray y la gente que vivía allí», aseguró la familia en un comunicado en el que también invitaba a amigos, vecinos y admiradores de la autora de ‘Lion And The Cobra’ a sumarse a una procesión en el paseo marítimo de la localidad, justo donde la casa de O’Connor, con su silla rosa y su foto en blanco y negro, se ha quedad vacía. «Con esta procesión, a su familia le gustaría reconocer el amor que ha mostrado por ella la gente del condado de Wicklow y más allá, desde que se fue la semana pasada a otro lugar», añadía el comunicado.

La familia había planeado para O’Connor un entierro musulmán privado, pero antes de eso ha querido recuperar una antigua tradición irlandesa por la que el féretro de la cantante será llevado frente a su último hogar en Irlanda. Así, a media mañana, el coche fúnebre que llevaba el ataúd O’Connor ha recorrido el paseo marítimo de Bray mientras miles de personas lanzaban flores e intentaban tocar el vehículo. Abriendo camino, una furgoneta con altavoces en el techo y canciones de Bob Marley y la propia Sinéad en el reproductor. Porque, ya se sabe, «donde las palabras fallan, la música habla».


Parte posterior del coche que trasportaba el féretro de O’Connor


REUTERS

«Cuanto más cantaba y hablaba sobre su propio dolor, así como sobre los pecados generalizados en la sociedad de los que era testigo, más resonaban su voz y sus palabras entre los oyentes y tocaba sus corazones», ha destacado más tarde el jeque Umar Al-Qadri, del Centro Islámico de Irlanda, durante la ceremonia privada.

«Sinéad tenía un corazón de poeta y, creo, compartiría con nosotros hoy los sentimientos del poeta Rumi cuando dijo: ‘Este lugar es un sueño. Solo un durmiente lo considera real. Luego, la muerte llega como el amanecer, y te despiertas riéndote de lo que creías que era tu pena’», ha añadido.