miércoles, febrero 21

Los fondos marinos se preparan para ser autopistas energéticas

3.800 kilómetros es la distancia que separa la costa de Marruecos con el litoral sur del Reino Unido o lo que es lo mismo el trayecto que separa España de Rusia, por ejemplo. Ese es el trecho que Londres quiere conectar bajo el mar para aprovecharse de la energía solar marroquí y así dotar de energía verde a cerca de siete millones de hogares británicos.

Este es uno de los cinco planes que tiene proyectados el gobierno de Reino Unido para aprovechar las bonanzas de la energía fotovoltáica más allá de sus fronteras. Unos proyectos que cada vez son más numerosos por las costas de todo el planeta. Hasta la fecha, sobre el lecho marino descansan miles de kilómetros de tuberías con fibra óptica que comparten datos a uno y otro lado del Atlántico y entre países europeos. Ahora, compartir energía es la nueva solución. «Esta tecnología tiene un impacto significativo en la reducción de las consecuencias ambientales del consumo de generación de electricidad en todo el mundo», responde la compañía XLCC, fabricante de estos cables, a este periódico.

Actualmente, el North Sea Link entre Kvilldal (Noruega) y Blyth (Reino Unido) es la autopista energética submarina más larga del planeta con 720 kilómetros. A poca distancia se quedará el cable que conectará la Isla de Grain, en el sureste de Inglaterra, y Fedderwarden, en el noroeste de Alemania.


XLCC

El pasado mes de julio comenzó la fabricación de este cable submarino que acumula ya cuatro años de retraso, pero no ha sido el único aplazamiento. La falta de disponibilidad de materiales para su desarrollo ha parado también los proyectos en Dinamarca y en España en el Golfo de Vizcaya.

El conductor, es decir la parte central y esencial, está compuesto por alambres de cobre o aluminio. Además, para su aislamiento se suele utilizar polietileno reticulado con un espesor de hasta unos 30 mm. Asimismo, para mayor protección, están equipados con una funda de plomo extruido para evitar la entrada de agua.

El interior de un cable submarino

Base acolchada de armadura

El interior de un cable submarino

Base acolchada de armadura

El interior de un cable submarino

Base acolchada de armadura

Sin embargo, la falta de disponibilidad de estos materiales no es el único inconveniente. El sector arguye otro problema en el despliegue de estas tuberías energéticas. «Colocarlos en el fondo del mar es otro desafío», apuntan. Estas infraestructuras están preparadas para transportar energía eléctrica por debajo del agua, generalmente del agua salada, pero también es posible usarlos bajo grandes lagos y ríos.

A pesar de ello, el valor estimado de los proyectos se ha triplicado en apenas siete años hasta alcanzar los 11.000 millones de euros.

Miles de kilómetros

Uno de los proyectos más ambiciosos se encuentra en los desiertos del norte de Australia. «Existe una oportunidad única de exportar grandes volúmenes de energía renovable, lo que respalda las necesidades energéticas regionales y mantiene el crecimiento económico», señala Sun Cable, la empresa promotora del proyecto.

Sus planes se centran en una macrogranja solar al norte del país oceánico que provea de energía a Singapur a través de un cable submarino de 4.500 kilómetros de longitud. «Suministrará el 20% de la demanda de energía de la ciudad-estado, con planes para continuar hasta Indonesia», explican. Un proyecto que según sus promotores estará listo para 2027 y que se espera que proporcione 1.500 trabajos directos y 12.000 trabajos indirectos durante la construcción, con 350 trabajos operativos a largo plazo.

En el caso de Marruecos, la británica Xlinks quiere aprovechar una planta eólica y solar que allí se instalará al suroeste del país con una capacidad energética de 10,5 GW renovables y una inversión de 20.000 millones de euros para desplegar cuatro cables por el fondo del Atlántico.